viernes, 22 de noviembre de 2013

Capítulo 2: Adiós.


-¡¿Londres?!
-Sí.
-¿Tan lejos? ¿Por qué?
-Ya sabes, mis negocios...
-Sí, tus negocios son los que me hacen dejarlo todo atrás, hasta mi propio país. ¿Al año que viene volveremos a mudarnos? ¿Nos iremos a China?

Suspiró.

-Por suerte, al parecer esto es definitivo.
-¿Cómo lo sabes?
-Porque la empresa principal está en Londres, y me han prometido un trabajo fijo y regular.
-Pf...- suspiré- ¿y qué pasará con Nerea?- Nerea era mi mejor amiga en España, no me podía creer que fuera a separarme de ella.
-No lo sé ________(tn), supongo que podrás venir a visitarla, pero solo en vacaciones.
-¿Y cómo vas a poder hacer tu trabajo? No sabes inglés.
-Me dan traductores... Y en casa supongo que tú me ayudarás.

Sonreí. Sí, era verdad, lo ayudaría. Adoraba el inglés y se me daba genial. Sabía hablarlo casi igual que el castellano, era como mi segunda lengua.

-¿Y Christian? Con su edad no creo que sepa más que el verbo To Be, y da gracias.
-Ya bueno, supongo que aprenderá rápido. Tiene ocho años, en un año ya habrá aprendido todo lo que le hace falta para ir bien en la escuela.
-Sí, tienes razón- me rasqué la cabeza -me parece increíble que vayamos a Londres en dos días... Me subo al cuarto, tengo que decírselo a Nerea.

Me dirigí a mi habitación pensando. Por un lado me alegraba de ir, no sé, siempre había querido ir a Londres. Era como un sueño. Pero por otra parte... Dejarlo todo atrás... Suspiré y abrí la puerta de mi habitación, cogí el móvil y marqué el teléfono de Nerea.

-¡Alooo!- contestó -me pillas terminando de recoger mi habitación. Mi madre ha estado toda la tarde dale que te pego con la habitación y al final me he puesto a limpiarla. Hasta que has venido tú a alegrarme, claro.
-Pues poco te va a durar la alegría...
-¿Qué? ¿Por qué? ¿Es que Tom Rodríguez se ha enamorado de mí?

Reí, no pude evitarlo. Tom, también conocido como Tomás, era un chico de nuestra clase de lo más asqueroso. Estaba rellenito, pero no hacía nada por evitarlo. Se traía todos los días al recreo tres bocadillos, contados. Y no solo los comía con ansia, sino que luego se chupaba los dedos de una manera que daban ganas de vomitar. En clase tenía todos los papeles desordenados y sucios, sus zapatillas rotas parecía que habían estado años sin ver el agua y sus ropas eran de lo más extrañas.

-Ay, ojala fuera eso.
-¿Qué ocurre, neni?

Me mordí el labio inferior. ¿Cómo decirle a tu mejor amiga que ibas a mudarte a otro país para siempre en dos días?

-Estoy esperando... ¿Tan malo es? ¿Qué ocurre, ________(tn)?
-Es que... pf- suspiré -a ver. Tú sabes que mi padre tiene negocios, y que cada año cambiamos de casa, y todo eso...- me callé.
-¿Vas a mudarte?- suspiré.
-Sí.
-Joder- pausa -Pero... bueno, esto es Madrid, es el centro de España. Podremos vernos al menos una vez al mes, no sé. Bueno, también depende de donde vayas. ¿Vas muy lejos? ¿Galicia, Cádiz, Murcia?
-Pf... Ojalá.

Otra pausa.

-________(tn). Dónde coño te vas.

Volví a morderme el labio. Iba a empezar a llorar, lo veía.

-Me voy fuera de España. Me voy a Londres, Nerea.

Silencio.

-... Me estás vacilando, ¿no?- me tumbé en la cama.
-Lo siento.
-No, no tienes que sentir nada, pero tia... ¡¿Londres?!
-Sí.
-¿Cuándo?
-Nerea...
-Suéltalo- suspiré.
-Pasado mañana.
-¿Qué? Mierda. Mierda mierda mierda ________(tn). Joder. Ya puedes quedar mañana o voy a buscarte a tu casa y te saco de los pelos. Ya lo sabes.
-Claro que voy a quedar mañana, cómo no iba a hacerlo.
-Mañana a las doce de la mañana estoy allí.
-¿Comida en el McDonalds?
-Cómo lo sabes.

Reí.

-Me voy neni- me dijo -tengo que terminar de arreglar la habitación que va a empezar la nueva serie esta de Pablo Sánchez.
-Le adoras.
-Como para no, ¿has visto que guapo es? ¿Que figura tiene?
-Anda petarda, vete, yo voy a ir haciendo las maletas.
-Adiós, te quiero.
-Y yo.

Pii.

Fruncí los labios y cerré el teléfono. Bajé al salón para ver cómo empezaba la serie del tío este que Nerea tanto adoraba. Tenía los ojos azules. Me encantaban los ojos azules. Los de Pablo eran como color cielo. Eran preciosos.

Esa noche me fui a dormir con la cabeza dando vueltas. Mañana sería mi último día en España, no me lo podía creer. Ya se lo habíamos dicho a Christian. No lo había entendido muy bien, pero supongo que tampoco prestó mucha atención. Al fin y al cabo, era un niño, no comprendía las cosas.

Al día siguiente hacía frío para ser mediados de septiembre. Me levanté tiritando y fui corriendo a la ducha, y me vestí y me preparé. A las doce en punto Nerea se presentó en mi casa.

-¿Llevas la cámara, no?- pregunté.
-Claro.
-Perfect, vámonos.

Cogimos el metro hasta el centro de Madrid, y fuimos por las calles. No sacamos mucho el tema de mi viaje hasta la comida, cosa que agradecí.

-Tía- dijo Nerea de repente, mientras dejaba la coca-cola en la mesa -me parece muy fuerte. Parece imposible que vayas a irte mañana.
-Ya...- fruncí los labios. Yo tampoco me lo creo, la verdad.
-¿A que hora te vas?
-El avión sale sobre las ocho de la mañana, así que saldré de casa a las seis, ya que hay que facturar y todo eso.
-Llegarás a Londres sobre las diez y media u once. El idioma sin problemas, ¿no?- sonreí y negué con la cabeza -te envidio. Yo de inglés sé los números y los colores y da gracias.
-Pero porque no estudias.
-Es que a ver. Yo no quiero hablar con nadie inglés, no me hace falta para nada. Y si ellos quieren hablarme a mí no voy a aprender su idioma por ellos, que aprendan ellos español.

Negué con la cabeza riendo, y pegué un bocado a mi CBO con doble de bacon. La última que comería en España.

-¿A qué colegio irás?
-Mmm... Mi padre dijo algo de Malony Towers... No no, Malory Towers, eso. Dice que estará cerca de donde vivimos, y es barato.
-¿Llevan uniforme?
-Espero que no.

Comí otro bocado de mi hamburguesa.

-Bueno, ¿y los guiris? Tendrás que ligarte a alguno, ¿no?- casi me atraganto.
-¡Nerea!
-¡¿qué?! Es la verdad. Además he visto algunas fotos y no son feos los muy asquerosos. A más de uno le hacía yo un favor.

Sonreí y miré por la ventana. Había salido el sol, pero seguía haciendo frío, y daba gracias a mi idea de coger mi jersey de lana azul en vez de una chaquetita.

El resto de la tarde la pasamos de compras. Nerea se empeñó en que nueva casa, nueva vida y, por lo tanto, nueva ropa, así que me arrastró prácticamente por las tiendas. Menos mal que había cogido bastante dinero. Al final de la tarde quedamos con amigas y amigos que querían despedirse de mí. Me sentí muy querida. A las diez, Nerea y yo emprendimos el camino de vuelta a casa.

La despedida fue dura. Caminamos lentamente hasta mi casa, agarradas del brazo y en silencio. Esto iba a ser lo más duro. Despedirme de mis amigos había sido triste, pero despedirme de Nerea iba a ser lo peor.

-Bueno- me dijo al llegar a la puerta de mi casa -Tu padre contrataba hoy lo de poder utilizar el internet fuera de España, ¿no?
-Sí.
-Pues mañana en cuanto bajes del avión me mandas un whats y una foto del tío más buenorro que veas.
-No vas a cambiar nunca.
-Nunca- me guiñó el ojo.
-No quiero dejarte aquí- la abracé. Iba a llorar. Me rodeó con los brazos, apretujándome. Noté como la primera lágrima amenazaba con salir de mis ojos.
-Ni yo que me dejes. Quiero que vengas en vacaciones. Y yo ir allí, por supuesto.
-Eso está hecho.

Volví a abrazarla. Ahora estábamos las dos llorando.

-Cuídate mucho, pequeña.

Cerré la puerta de casa con lágrimas en los ojos. Genial, tendría que esperar a navidades para ver a Nerea. Bueno. No era tan malo.

Empecé a hacer la maleta. La casa ya estaba llena de cajas, debido a la rápida mudanza que estábamos realizando, así que solo quedaba yo y un par de cosas más. Nerea tenía razón, la ropa iba a venirme muy bien. Guardé mis libros, mi portátil y mis entretenimientos en otra maleta, y metí las cosas de aseo en un neceser.

Esa noche me fui a la cama pronto, el día siguiente sería largo.



miércoles, 20 de noviembre de 2013

Capítulo 1: ¿Londres?


-Hija, siéntate-. Me dijo mi padre.

Había estado toda la mañana y toda la tarde nervioso, de un lado a otro de la casa. Se sentaba y al momento siguiente se levantaba. Iba de la cocina al salón, del salón a su habitación y de vuelta a la cocina.

-Papá, ¿qué ocurre?- pregunté, ya sentada -Llevas todo el día de los nervios, y me estás poniendo a mí igual.
-Estoy esperando una llamada.
-¿Tan importante es para que estés así?- suspiró.
-Esa llamada determinará si nos mudamos o no.

Abrí los ojos, boquiabierta.

-¡¿Otra vez?! ¡Papá, no pueden hacer eso! ¡Es la tercera vez en tres años! ¡Tengo que cambiar de instituto, de amigos, de casa, dejarlo todo atrás! Y precisamente ahora, que he conseguido aclimatarme a Madrid. Ya tuvimos que dejar Barcelona atrás y mudarnos a Sevilla, para luego venir aquí. No quiero irme de aquí, papá.
-No eres la única que tiene que dejarlo todo atrás, ¿sabes?
-Al menos podré seguir viendo a Nerea, ¿no?

Se quitó algo de sudor de su frente.

-No lo sé... De todas formas aún no es seguro. Pero es lo más probable.
-Ojalá mamá estuviera aquí- me crucé de brazos -no nos haría falta tu trabajo, ni mudarnos, nada, y seguiríamos en Barcelona felices.
-Lo sé, pero mamá no está, y tenemos que hacernos a la idea.

Me levanté.

-¿Dónde iríamos?
-No lo sé, me lo dirán cuando me llamen.
-Me subo a la habitación... Avísame cuando sepas algo.

Subí las escaleras hasta mi cuarto, y me tumbé en la cama de lado. No me podía creer que fuéramos a irnos otra vez. Estaba harta de tener que hacer mudanzas. Pensé en mi hermano pequeño, Christian. El pobrecito solo tenía ocho años y no sabía qué pasaba, ni por qué cada año teníamos que cambiarnos de casa.

Era duro pensar que tenía que pasar por lo mismo otra vez.

Me levanté y me dirigí a su cuarto. Abrí la puerta despacio, asomándome por ella. Ahí estaba, tumbado sobre su estómago con un dinosaurio de juguete en una mano y un coche en la otra, mientras hacía sonidos de explosiones con la boca. Sonreí.

-Cuidado con el dinosaurio, vaya a ser que se coma el coche- levantó la mirada, sonriendo.
-Va a comérselo porque tiene hambre- reí.
-¿Me dejas jugar?

Christian asintió, y se movió un poco, dejándome un hueco para sentarme a su lado. Me tendió un coche rojo, y lo cogí.

-Tienes que huir de mí...- dijo agitando su dinosaurio -para que no te coma.
-Vale...- movió su dinosaurio, golpeando el coche que sostenía en mi mano.
-¡He ganado!
-¡Has hecho trampa!
-Mentira- me sacó la lengua.
-¡¿Acabas de sacarme la lengua?!- me moví poco a poco hacia él, y empezó a reír.
-¡No no no! ¡Cosquillas no!
-¡¿Que no?!

Me abalancé y me puse encima de él. Llevé mis manos a sus costillas, haciéndole reír y retorcerse debajo mío.

-¡Lo siento lo siento, no vuelvo a hacerlo!- reí, separándome de él.
-¡Más te vale!
-Ahora, ¡vete!

Salí riendo de su cuarto. Le adoraba. En realidad no era mi hermano de sangre. Mi madre, antes de irse, trabajaba en una empresa de adopción. Estaban a punto de quebrar y quedaban unos pocos niños sin familia. Unos cambiaron de sitio, otros tuvieron más suerte y encontraron una familia... Pero mi madre quiso quedarse con Christian. No sé muy bien la razón, la verdad, siempre dijo que tenía algo especial. Así que llevaba en la familia unos cuatro años.

Bajé a la planta de abajo, mi padre estaba de espaldas a mí sentado en una silla, hablando por teléfono.

-No, llevamos en esta casa algo menos de un año. Ya - se rascó la cabeza - pero eso es muy lejos... Y yo no sé inglés.

Un momento... ¡¿inglés?!

-No estoy seguro de eso. ¿Y cómo hago mi trabajo sin saber el idioma? ... Ah, sí. Está bien. Pues pasenme la dirección por email. ¿Cuándo tendría que empezar a trabajar? ¿Tan pronto? Bueno, está bien. Sí, igualmente. Adiós.

Colgó.

-¿Inglés?- pregunté entrando en el salón -¿por qué inglés?- mi padre se dio la vuelta y me miró tristemente.
-Hija, nos vamos a Londres pasado mañana.