martes, 31 de diciembre de 2013

Capítulo 8: ¿Quién...? ¿Quién eres?

- Hacéis buena pareja - dijo la chica que estaba con Niall sonriendo.
La miré. Era delgada y tenía el cabello castaño y los ojos marrones. Parecía muy simpática. ¡Todo el mundo parecía simpático allí!

- Mi nombre es ________(tn) - dije sonriendo.
- Yo soy Laura, pero llamadme Lala. ¡Encantada! Nos dimos dos besos, y vi cómo se los daba con Liam.
- ¿Es tu novia? - preguntó Liam a Niall
Niall se sonrojó. ¡Que adorable! Lala asintió.
- Llevamos saliendo una semana.
- ¿Y no me lo cuentas? - preguntó Liam a Niall, haciendole reír - ¡Ya te vale!

Fuimos a dar una vuelta los cuatro. Liam no me soltaba de la mano y eso me gustaba. De repente recordé a Louis, pero sacudí la cabeza. No quería pensar en él. Liam me gustaba mucho, y era con quien quería estar. Además, Louis... ¿qué coño? Había estado con él menos de un minuto. Era imposible sentir algo por alguien a quien conocías de un minuto. Suspiré. Qué idiota.

Niall y Lala se fueron a las ocho y media. Estaban cansados. Vi cómo se alejaban mientras Niall rodeaba sus hombros y dejaba un dulce beso en su boca mientras reían por algo. Nos quedamos Liam y yo solos.

De repente me sentí tímida, sin saber qué decir. Todo estaba pasando demasiado rápido. Aún no asumía que mi mano estuviera agarrada a la de Liam. Había tenido un par de novios en España, pero lo normal era que los conociera, saliera un par de veces con ellos y luego me besaran. No que me cogieran la mano en medio de una barca en un río de Londres. Eso era muy romántico. Suspiré y miré a Liam, que caminaba a mi lado comiendo un helado. Qué guapo era. Miré mi mano. Yo ya me había comido mi helado, aunque claro, era mucho más pequeño.

Miré al frente y me sobresalté. Retrocedí un par de pasos incrédula. ¡No podía ser!

- ¿________(tn)? ¿Qué ocurre? - reaccioné. Estaba con Liam, joder. Tonta, tonta y tonta.
- Nada Liam, pensé... pensé ver un ratón.
- ¿Dónde? - miré de nuevo hacia adelante. Sip. Ahí estaba.
Ahí estaba Louis.
Me di la vuelta.
- Mejor vamos para el otro lado, tengo fobia a los ratones.
- Claro - me sonrió y chupó su helado.
Le sonreí en respuesta, y después me froté la frente. Joder, ¡que era un puto repartidor de pizzas! Vale que era guapo. Vale que estaba buenísimo y que era un bombón. Pero joder, ¡si apenas sabía su nombre! ¿Cómo era posible que me atrayera tanto?
- ¿En qué curso vas a entrar? - me preguntó Liam de repente.
- Emm... en primero de bachillerato. ¿Tú?
- Segundo - rió - enana.
- ¿Enana yo? - sonreí - pero si es un añito de nada lo que me sacas, anda.
- Me da igual, sigues siendo una enana - le saqué la lengua, lo que le hizo reír - por cierto, me encanta estar así contigo - indicó con la mirada nuestras manos entrelazadas. Me sonrojé - oh, ¡pero si te estás poniendo roja!
- ¡Callate! - dije riendo - ¿qué hora es?
- Las nueve.
- Pff... Me voy a ir yendo. Mañana hay que madrugar... ¡que asco!
- Sí, tienes razón. Venga, te acompaño - soltó mi mano, rodeó mis hombros con su fuerte brazo y comenzamos a andar.

Estábamos más cerca de mi casa que otras veces, así que no nos llevó más de cinco minutos llegar a mi portal.

- Bueno... - dije, sin saber qué decir. Liam quitó su brazo de encima mío y sonrió.
- Mañana te veo, ¿sí?
- Claro - sonreí. Fui a darme la vuelta para entrar cuando Liam se inclinó hacia mí y... ¡zas!

Abrí los ojos sorprendida, pero volví a cerrarlos. ¡Me estaba besando! Me dejé llevar. Tenía los labios suaves, y se curvaron en una sonrisa cuando Liam se dio cuenta de que le seguía el juego. De repente se me vino la imagen de Louis a la cabeza. ¿Cómo sería besarlo a él...?

Me separé bruscamente de Liam y me froté la frente.

- ________(tn), ¿ocurre algo? - abrí los ojos y lo miré. ¿Cómo era posible que estuviera pensando en Louis mientras lo besaba? Tonta, tonta y tonta. Imbécil. Gilipollas. Me daban ganas de darme contra la pared.
- No, lo siento, es solo que... es tarde. Mañana te veo ¿sí? - Liam asintió y yo sonreí - gracias - me puse de puntillas y dejé un pequeño beso en su mejilla haciéndole sonreír, y me metí en el portal, para después subir corriendo a casa.
Las nueve, ¡por fin! Había terminado su jornada laboral. Bueno, había terminado su trabajo, ya que mañana tenía clase. Fue a su taquilla y cogió las pocas cosas que había dejado, las de última hora. Sonrió. ¡Sí! Al principio eso de hacer de guía turística por el Támesis le parecía bien, pero a la semana ya le resultó un tostón. Dos meses, dos putos meses trabajando allí para poder estudiar su último año en el instituto en Inglaterra. Pero bueno, había valido la pena. ¡Tenía plaza en Malory Towers!

Abrió la puerta de casa y entró, cerrándola detrás suyo. Dejó las llaves en la mesilla del recibidor, y el bolso en una silla. Fue directa a la cocina, tenía hambre. Después de cenar un maravilloso bocadillo de beacon, entró en su cuarto. Tenía que ver que todos los libros de segundo de bachillerato estaban en orden. Iba ya por el de filosofía cuando el sonido de su móvil la sobresaltó. ¿Quién sería? Mamá o papá no, porque ya había hablado con ellos en la hora del almuerzo, y Lidia, su hermana, estaba de viaje no sé dónde y no podía llamar desde allí. Cogió el móvil y lo sujetó entre el hombro y la cara, pudiendo así tener las dos manos libres.

- ¿Sí? - preguntó mientras escribía su nombre en la primera hora del libro.
- Aina. Soy Zayn. - La chica se sobresaltó, haciendo que la n de Aina saliera como un churro. Dejó el bolígrafo en la mesa y cogió el móvil con la mano.
- ¿Qué haces llamándome? ¿Qué quieres?
- Aina, por favor...
- ¿Qué? ¿Vas a darme otra excusa más explicándome por qué te tiraste a esa zorra estando conmigo? Ah no, déjame adivinar. No te la tiraste. ¿Es eso?
- Es que no me la tiré. ¡Ni siquiera la besé!
- Venga, ¡pero si vi las fotos que Max me mandó! Si no te la estabas tirando, ¿qué hacías? ¿Jugar al escondite? Vete a la mierda, Zayn.
- ¡Aina joder, escuch...! - colgó antes de que pudiera terminar la frase.
Aina se cubrió los ojos con las manos y comenzó a llorar. El móvil volvió a sonar, pero ella no le hizo caso. Gilipollas. Zayn era un gilipollas.

Pero amaba a ese gilipollas. Zayn. Lo conoció a la semana de llegar a Londres desde España después de que casi la atropellara. Nada más verle había empezado a sentir algo por él. Era guapísimo. Moreno, alto, ojos color chocolate, sonrisa blanca perfecta, su risa dulce cuando algo le hacía gracia...

Aina se mordió los labios. No quería pensar en él. Hacía dos semanas, Max, su mejor amigo de allí, le había enviado unas fotos de Zayn en un club de sexo besando a Shannon. Su enemiga. La típica rubia alta de labios gordos y tetas enormes, zorra en todos los sentidos y con ganas de joder a todo el mundo. Esa. Cuando esas fotos llegaron a su móvil seguidas de un "lo siento pequeña, pero tenía que decírtelo" sintió como si el mundo se desmoronara. Como que si la tiraban de boca al suelo desde un quinto piso la dolería menos. Inmediatamente había llamado a Zayn diciéndole de todo y cortando con él, y Zayn quiso explicarle todo, pero Aina no le escuchó y no había insistido. Hasta hoy. Estaba harta, harta de que todos los chicos la tomaran el pelo. Suspiró, limpió sus lágrimas y siguió poniendo su nombre en los libros de clase.

Ya había cerrado mis ojos cuando el móvil sonó. Miré la hora. Las once. Resoplé, ¡que sueño! Miré el móvil y vi que era un número que no conocía. Fruncí el ceño. ¿Quién sería? Pulsé el botón verde y contesté.

- ¿Diga?
- ¿Te he despertado? - abrí los ojos como platos. Esa voz... No. No podía ser.
- ¿Quién...? ¿Quién eres?
- Soy Louis - abrí los ojos más aún - el sexy repartidor de pizzas.

viernes, 27 de diciembre de 2013

Capítulo 7 : De la mano

Liam abrió la puerta de su casa, entró y la cerró detrás de él de un portazo. ¿Por qué le había preguntado a ________(tn) si tenía novio? ¿Se había vuelto loco? Y para colmo, había sonreído como un tonto cuando me dijo que no.
Fue a su habitación y se sentó en la cama. Apoyó los codos en las rodillas y la cabeza en las manos. Suspiró. ________(tn) le encantaba. Era divertida, simpática, risueña... y guapa. Muy guapa. Levantó la cabeza y sacó el móvil del bolsillo. Ahí estaba aún en la pantalla. Su número de móvil.
Metió de nuevo el móvil en el bolsillo, se levantó y fue a la cocina. Abrió el frigorífico. Cogió un yoghurt, pero lo dejó otra vez donde estaba. No tenía hambre. Volvió a su habitación, se tumbó en la cama y volvió a coger el móvil. Su número de nuevo. ¿Que hacía? ¿La llamaba? Tras unos momentos pensando qué diría, pulsó la tecla de llamar. De llamar a ________(tn).
Me sobresalté al escuchar que mi móvil estaba sonando. Miré el reloj, eran las once. ¿Quién sería? Cogí el móvil y miré quién llamaba, pero no tenía guardado el número. Fruncí el ceño y pulsé el botón verde.
- ¿Sí?
- ¿________(tn)?
- Emm, sí, ¿quién es?
- Soy Liam
- ¡Liam! - sonreí - ¿qué pasa? Al final no me metiste en el grupo de whatsapp.
- Ya... lo olvidé, lo siento... oye, ¿te he despertado o algo?
- No, qué va - mentí - ¿pasa algo?
- Sí, quería decirte que hemos quedado mañana por la tarde en el London Eye, a las seis... vendrás, ¿no?
- Claro, ¿quiénes?
- Emm... Los de ayer, creo.
- Ah, vale, pues allí estaré - sonreí.
- Hasta mañana, ________(tn)
- ¡Adios Liam! - colgué. Qué simpático, me avisaba.
Me sentí algo culpable. Desde que me había encontrado a Louis al otro lado de mi puerta con una pizza en la mano no había pensado en nada más. Ni siquiera en Liam.
Decidí dormirme. Mañana había quedado con mis amigos. Sonreí. Londres me gustaba cada vez más.
Abrí los ojos y me desperecé. La verdad es que había dormido mucho mejor de lo que pensaba que lo haría. No extrañé mi cama ni nada. Eso era un avance.
Miré la hora y me sobresalté, ¡las doce! ¡Eso era como la una en España! Yo ya sabía que dormía mucho... ¿pero tanto? Wow. Al menos había aprovechado bien, ya que mañana iba a tener que levantarme a las siete. Miré el móvil. Una llamada perdida de Nerea. Rodé los ojos sonriendo. Adoraba a Nerea y adoraba que me llamase cuatro veces al día, aunque fuera para cotillear.
Me levanté de la cama, me estiré y me froté los ojos. Fui al salón.
- Papá se ha ido a comprar, pero trajo churros esta mañana.
- ¡Churros! - sonreí. Adoraba los churros.
- Sí... pero solo te he dejado tres... Tenía hambre...
- ¡Christian!
- Jo, lo siento, es que estaban muy ricos.
Resoplé y me senté en la mesa. Había un vaso de leche y tres churros. Hice una mueca. Iba a quedarme con hambre, ¡con lo que me gustaba a mí comer!
A las doce y media la puerta de casa se abrió y apareció mi padre con unas seis bolsas. Abrí los ojos.
- Papa, ¡¿has comprado todo el supermercado?!
- No, es que he ido a uno que hay aquí cerca pero resulta que lo habían cerrado hace dos semanas, así que he tenido que andar más... Y ya he aprovechado y he comprado para unos cuantos días.
Reí, no pude evitarlo. El lema de mi padre era "mejor que sobre a que falte", y le gustaba demasiado ser fiel a ello.
Bueno, para qué mentir. A mí también.
El día se me pasó bastante rápido. Por la mañana había ido con mi padre a por el uniforme. Rob, el tío de Niall, era un hombre majísimo. Además sabía un poco de español. Nos contó que en Irlanda, de donde eran ellos, en su familia había unos cuantos españoles y les gustaba el español. Qué simpático. El uniforme era mejor de lo que esperaba. Chaqueta azul marino, falda por las rodillas también azul marino, cinturón naranja, calcetines altos blancos y zapatos azul marino. Odiaba el uniforme, pero había que admitir que era bonito.
Cuando quise darme cuenta ya me había duchado, vestido y peinado para ir al London Eye. Miré el reloj. ¡Las seis! ¡Mierda! Fui corriendo por la casa y cogí mis converse negras, me las puse y, tras decir adiós apresuradamente, salí por la puerta.
Fui corriendo por la calle llevándome por delante a todo el mundo hasta que llegué al London Eye, jadeando y resoplando. Eran ya las seis y diez. ¡Odiaba ser impuntual! Miré entre la gente y conseguí ver a Liam de pie, mirando el reloj con cara de preocupación. Vaya. Me coloqué bien el pelo y respiré lentamente para calmarme, y me dirigí hacia él.
- ¡Liam! - le saludé.
- ¡________(tn)! Ya pensaba que no venías.
- Lo siento, se me pasó la hora - dije poniendo una mueca - ¿y los demás?
- Eh... - Liam se arrascó la cabeza - Harry y Sophie iban a celebrar su cumpleaños y Niall quería ir a ver a una tal Lala, así que...
- ¿No vienen? - Liam negó con la cabeza - oh...
Liam se encogió de hombros.
- Damos una vuelta tú y yo... si quieres - me sonrió.
- ¡Claro, vale! - le dije
Liam sonrió y nos fuimos a dar una vuelta por el Támesis. Íbamos un poco silenciosos, aunque no era un silencio incómodo. Solo mirábamos el río, y cómo personas de todo tipo montaban en pequeños barquitos y disfrutaban de las aguas tranquilas del río.
- Debe de ser genial montar en uno de esos - dije señalando a un barco en el que una familia señalaban a un niño pequeño el agua. Peces, quizá.
- ¿Quieres montar? - me preguntó Liam
- ¿Ahora? - asintió - oh, me encantaría.
- Vamos - dijo sonriendo.
Le seguí hasta un punto del río en el que bajabas por unas escaleras hasta una especie de puestecito. Liam pagó.
- ¿Y yo no pago? - negó con la cabeza - ¡Liam!
- ¡Yo invito! - me sacó la lengua. Yo reí y le empujé suavemente. Vino mucha más gente que quería subir al mismo barco que nosotros. Al parecer era uno de los más grandes.
Después de unos minutos vino una chica de estatura media tirando a baja, delgada, morena y con pecas.
- ¡Hola chicos! Mi nombre es Aina, y voy a ser vuestra guía en vuestra ruta por el Támesis.
La sonreí. Parecía tener unos diecisiete o dieciocho años. Era muy simpática. Nos ayudó a subir y se rió conmigo cuando Liam casi se cae al agua.
Una vez todos dentro, el barco empezó a moverse. Yo miraba todo. Estaba encantada. Aina estaba más adelante explicando todo, ya que Liam y yo estábamos atrás del todo.
Después de unos minutos, Liam me miró.
- ¿Te está gustando el paseo?
- ¿Bromeas? ¡Me encanta! - le sonreí - muchas gracias Liam.
- Gracias a ti.
¿Gracias a mí? Cuando quise pensar en por qué me había dado las gracias, me cogió de la mano delicadamente. ¡¡Me cogió de la mano!! Dios mío. Me sonrojé. Iba de la mano de Liam en un barquito por el Támesis. Esto era demasiado romántico.
Sonó el timbré. Sophie terminó de ponerse sus vans y abrió la puerta.
- Hola - Harry la miraba pícaramente - ¿nos vamos? - Sophie se acaloró.
- Sí - besó a Harry y se pusieron en marcha.
Harry sacó las llaves del bolsillo de su pantalón y abrió la puerta. Dejó que Sophie pasara por delante de él, y cerró. Dejó las llaves y el móvil encima de la mesilla, y agarró a Sophie por la cintura.
- Mmm... ¿cuál es el plan? - dijo mientras juntaba su frente con la de ella sonriendo.
- Tú decides - Sophie le mordió el labio.
Empezaron a caminar hacia el cuarto de Harry mientras se besaban. Cuando llegaron, Harry cerró la puerta y dejó a Sophie delicadamente en la cama. Se quitó la camiseta, y Sophie recorrió sus marcados abdominales con las manos. Harry era increíble. Perfecto. Y era suyo. Dirigió las manos a los botones de su blusa, pero Harry no le dejó.
- Déjame a mí.
Se arrodilló delante de ella y fue desabrochándole la blusa botón a botón. Cuando terminó, dejó un beso en su ombligo, haciéndola estremecer. Sophie se levantó de la cama y se quitó los pantalones cortos vaqueros, y él hizo lo mismo con sus piratas. Estaban en ropa interior
- Eres perfecta.
Harry empezó a besarla por el cuello. Arrastró sus manos por su espalda y la quitó el sujetador, que cayó a sus pies. Harry la miró con deseo y se quitó sus boxers, y acto seguido le quitó las bragas a ella. Estaban desnudos. Sophie jadeó, y él la cogió de la cintura y la tumbó en la cama. Abrió el segundo cajón de la mesilla de al lado de su cama y sacó un preservativo. Se lo colocó y abrió a Sophie de piernas.
- Pídemelo - Sophie jadeó, y Harry se restregó contra ella - nena, si no me lo pides no voy a hacer nada.
Entonces Sophie subió la boca y le susurró en el oído.
- Hazme tuya.
Harry gruñó y, agarrándola de la cintura, entró en ella. Sophie gimió.
- ¿Te he hecho daño?
-No. Sigue.
Avivado por el estado de Sophie, Harry entró más en ella. Fuerte. Rápido. Apretó su cintura y entró en ella. Duro. Cada vez más. Subió el ritmo. Sophie gemía y jadeaba con cada nueva embestida. Abrió los ojos, le encantaba ver la cara de Harry cuando la hacía el amor. Él tenía los ojos cerrados y se mordía el labio mientras entraba en ella. Abrió los ojos y se encontró con los de ella.
- Te quiero, Sophie.
Y con una embestida final, llegaron los dos juntos, Harry gruñó y Sophie gritó. Habían alcanzado juntos el cielo. Pasaron unos minutos y, cuando sus respiraciones se tranquilizaron, Harry la abrazó y le dio un beso en la frente.
- Felices cuatro meses, mi vida.
El paseo por barco había terminado. Miré mi mano y vi que Liam seguía agarrándola. Me miró y sonrió, apretándola más. Sonreí, no lo pude evitar. Liam era adorable. Nos levantamos y salimos del barco.
- Oye - saltó Liam de repente - ¿no es ese Niall? - señaló con la mano con la que no tenía agarrada la mía hacia donde se salía después de montar en un barco.
Miré donde él señalaba y, en efecto, vi a Niall. Iba de la mano de una chica que no pude ver desde lejos.
- ¿Nos acercamos? - le pregunté a Liam.
Liam asintió y fuimos donde estaban ellos. Niall nos vio y se acercaron.
- ¡¡Estais de la mano!! - Niall señaló nuestras manos.
Liam y yo nos miramos. Él se había puesto rojo, y seguro que yo estaba igual.

jueves, 26 de diciembre de 2013

Capítulo 6: Louis

- ¡He dicho que yo en medio! - gritó Niall. Sophie y Harry pusieron los ojos en blanco.
- ¡Niall! ¡Que no tengas novia no significa que tengas que fastidiar a las demás parejas! - gritó Harry medio riendo.
- Es que si os dejo en el medio vais a estar besuqueandoos y abrazandoos y yo voy a querer mataros - Sophie rió - no te rías, sabes que es verdad.
- En ese caso nos vamos a casa, ¿no? - dijo Sophie.
- ¿Y Liam?
- Liam es mayorcito, que se las arregle solo... -dijo Sophie- ¿Creéis que a Liam le gusta ________(tn)?
- ¿Por qué iba a gustarle? -Preguntó Harry.
- Porque ha estado tonteando con ella y luego la ha acompañado a casa - Niall se encogió de hombros.
- Bueno, yo me voy a ir yendo a casa - dijo Niall - tengo que ver qué libros tengo para pasado mañana.
Tras despedirse, Niall se fue a casa y Harry acompañó a Sophie a la suya, como era costumbre.
- Por cierto - dijo Sophie nada más llegar al portal - mañana hacemos cuatro meses.
- Lo sé - Harry se inclinó y dio un pico a Sophie - ¿qué me vas a regalar? - Sophie enarcó una ceja.
- ¿Qué me vas a regalar tú a mí?
- Mis padres no están mañana en casa - Harry miró pícaramente a Sophie.
- Viciosillo - se puso de puntillas y dejó otro beso en los labios de Harry.
- ¿Te vale ese regalo? - Sophie sonrió y guiñó un ojo a Harry - ¿Eso es un sí?
- Pasame a recoger a las siete - Harry rió y la besó más profundamente.
- Aquí estaré, adiós pequeña.
Subí a casa y me tumbé en la cama. Estaba cansada. Liam me había dejado muy confundida. ¿Por qué le interesaría a él que yo tenga novio o no? Suspiré. Liam era realmente guapo. Guapísimo. Parecía un modelo. Pero yo era una patata comparada con él, era imposible que quisiera algo conmigo.
Mi móvil comenzó a sonar.
- Nerea eres una pesada, sé que no puedes vivir sin mí, pero...
- Guarra, encima que me preocupo por tu vida amorosa.
- ¿Mi vida amorosa?
- Claro. ¿Has vuelto a ver al buenorro rubio de ojos azules? - resoplé.
- Nerea, que no tengo nada con él, idiota.
- Que sí, seguro que sí. ¿Has vuelto a verle?
- Esta tarde.
- ¡¿Habéis quedado los dos?!
- ¡No! Cuando estaba hablando contigo por teléfono esta tarde le vi en la calle de enfrente con dos chicos y una chica, y luego se acercaron a mí.
- ¿Eran guapos?
- Sí. Los dos.
- ¡Uf!
- Y uno de ellos me ha acompañado a casa y me ha preguntado si tengo novio.
- ¡Joder ________(tn)! ¡Ya estás ligando!
- Tía no.
- ¿Cómo es? ¿Cómo se llama?
- Es alto, fuerte, pelo castaño claro y ojos marrones. Se llama Liam.
- Liam, mhm. Es un nombre sexy. Como Liam Hemsworth - reí - Bueno nena, me voy que tengo que ir, mi madre me llama para cenar. Mañana hablamos y, por cierto, ¡¡¡¡Ligate a Liam!!!!
- ¡Vale, pesada! Vete a cenar que allí serán ya las diez y media. Te quiero.
- Te quiero cerda.
Colgamos y fui al salón. Mi padre estaba haciendo algo con su móvil mientras Christian estaba enfurruñado porque no entendía el inglés de los dibujos que había puestos en la televisión.
- ¿Qué haces, papá? - me acerqué donde él estaba.
- Buscar una pizzería por aquí cerca. Ah, mira, aquí entregan a domicilio. ¿Puedes pedir una? Mañana voy al supermercado y compro comida para cocinarla.
- Vale. Christian, ¿de qué quieres la pizza?
- ¡De jamón y queso! - sonreí. Christian adoraba la pizza de jamón y queso.
- Papá, ¿no crees que una sola pizza para los tres es poco?
- No, tranquila, no tengo mucho hambre, yo os robo un cachito y ya.
- Está bien - dije encogiéndome de hombros.
Cogí el teléfono y marqué el número de la pizzería. Pedí la pizza y colgué.
-Ha dicho que tardaba veinte minutos - me senté en el sillón al lado de Christian - jolines, tengo hambre.
- Y yo - resopló Christian.
- ¡Anda! ¿No es eso Bob Esponja? - Christian miró la televisión y se encogió de hombros.
- Sí, pero no me entero de nada porque está en inglés.
- ¿Y si te digo que puedo ponerla en español? - El pequeño me miró.
- ¿Puedes?
- Claro, si esta tele es como la de casa - cogí el mando, le di a configuración y cambié el idioma a español. No tuve problema porque en España había veces que me gustaba ver la tele en inglés y estaba acostumbrada.
- ¡Ala! - Christian miró la tele asombrado - ¡ya hablan en español!
- Sí - reí y revolví su pelo - pero cuando aprendas más inglés vamos a poner la tele en inglés, ¿eh? - El niño asintió y me puse a ver los dibujitos con él.
Después de veinte minutos viendo cómo Patricio, la estrella de mar, se enfadaba con Bob Esponja por no darle una hamburguesa gratis y el señor cangrejo le echaba de su restaurante por no querer pagar, sonó la puerta.
Me levanté del sofá. ¡La pizza! Cogí veinte libras y abrí la puerta. Abrí la boca. En vez de encontrarme con el típico tirillas mal afeitado repartidor de pizza, me encontré con un chico de unos dieciocho años, castaño, ojos azules increíblemente profundos y una sonrisa capaz de derretir un iceberg. Era un poco más alto que yo, como Niall. Y olía muy bien.
- Hola, guapa - sonrió el chico - aquí traigo vuestra pizza - sonreí, dandome cuenta de que me había quedado boquiabierta.
- Sí, eh... - cogí la pizza. Al cogerla, rocé sus dedos, que enviaron una corriente eléctrica a través de mis dedos y mi columna vertebral. Me estremecí. - ¿cuánto es?
Me dijo el precio, pagué y me dio las vueltas. Otra vez esa especie de corriente eléctrica. ¿Qué me pasaba?
- Gracias - me dijo sonriendo - Por cierto, mi nombre es Louis.
- Yo soy ________(tn) - sonreí, y él me guiñó un ojo.
- Un placer, ________(tn). Hasta otra.
Cuando me quise dar cuenta, Louis había desaparecido del pasillo y yo seguía con la puerta abierta, la pizza en la mano y una sonrisa de oreja a oreja. Cerré la puerta y me di la vuelta. Christian seguía viendo la televisión y papá estaba en el baño. ¡Uf!
De pronto me sentí tonta. Patética. ¿Se me había notado mucho que babeaba por Louis? Esperaba que no fuera así. ¡Dios, Louis! Nunca me había pasado nada parecido. Nunca me había sentido así nada más conocer a un chico.
Dejé la pizza en la mesa y llamé a Christian. En lo que el pequeño se sentaba, partí la pizza por la mitad, y le di una a Christian. Partí la mía en trozos más pequeños, y aparté uno para mi padre. ¡Mmm! La pizza estaba deliciosa.
- ________(tn), ¿encargaste el uniforme? - preguntó mi padre una vez habíamos terminado de cenar y estábamos sentados en los sillones.
- Sí, ya lo encargué. Y la tienda se llama Jump, no la cosa que me dijiste.
- Ay hija, yo que sé, ya sabes lo mal que se me da el inglés. Luego me apuntas el nombre y voy a por el uniforme. ¿Está muy lejos?
- No, está a unos diez minutos.
- Menos mal, el coche no le traen hasta pasado mañana.
- Te acompaño y te digo.
Esa noche me fui a dormir pronto. Quería acostarme y pensar.
Pensar en Louis.

miércoles, 18 de diciembre de 2013

Capítulo 4: Niall

Una vez levantada, le sonreí. Al principio pensé en replicarle que tuviera cuidado de por donde iba, pero no lo dije. Tenía algo en su forma de ser que me hacía querer ser amable con él. Parecía realmente agradable y simpático, alguien con quien sin duda no te aburrirías nunca.

-________(tn), me llamo ________(tn)- me sonrió de nuevo.
-Encantado... ________(tn). No eres inglesa, ¿verdad?
-¿Tanto se me nota?- rió.
-La pronunciación, y tu nombre... No sé. No lo dices con acento inglés.
-Soy española.
-Vaya, ¡adoro España! ¿Estas aquí de visita?
-No- suspiré -me he mudado esta mañana.
-Oh... irás al instituto, ¿no? - asentí - ¿Cómo se llama?
-Mmm... Malory... Malory Towers - abrió los ojos, sorprendido.
-¡Eh, ese es al que voy yo! No te arrepentirás, es bastante bueno y la gente no es estúpida.
-Jolín, pues espero que hagas de mi guía cuando estemos allí. No voy a conocer nada, ni a nadie.
-Eso está hecho, emm...
-________(tn).
-Eso - rió nerviosamente - lo siento, soy malo para los nombres. Me tengo que ir, he quedado, te veo pasado mañana en el instituto, ¿sí? - asentí - pues encantado, ¡hasta luego!

Sonreí mientras veía cómo se alejaba rápidamente y casi atropella a otra persona. Será torpe... Reí para mis adentros. Qué bien me había caído. Me alegraba de tener a alguien en el instituto a quien hablar, y no saber qué hacer. 

Seguí mi camino y en unos minutos llegué al Big Ben. Wow. Lo había visto esa mañana de pasada cuando iban de camino a casa, pero así visto de cerca era aún más grande y bonito. Crucé la calle y vi el London Eye. Tenía ganas de montar, pero no llevaba dinero encima y había mucha cola, de modo que tuve que conformarme con mirarlo. De todas formas, tenía mucho, mucho tiempo para montar en él. Y de noche sería aún más precioso.

Seguí andando y empecé a caminar al lado del Támesis. Era precioso, y barcos de todos los tamaños transitaban por este, mientras los turistas en su interior no paraban de hacer fotos y señalar cosas. Me detuve, y lo contemplé. El río era bastante ancho, mucho más que en las fotos. Y parecía ser bastante profundo.

Me di la vuelta y vi el típico autobús turístico de dos pisos con el de arriba al descubierto, también lleno de turistas. Cuando pasó, me pareció ver un rostro conocido en la otra acera.

Niall. Y dos chicos y una chica con él.

Estaba a punto de ir a saludarle cuando el móvil empezó a sonarme en el bolsillo y, resoplando, lo cogí.

-¿Sí?
-¡¡¡________(tn)!!!
-¡¡¡Nerea!!!
-Nena, me tienes olvidada.
-Pero si acabo de llegar a Londres, petarda. No he tenido ocasión de llamarte.
-Mentira, seguro que estás ahora mismo dando una vuelta al lado del río. Y seguro que has conocido a alguien. Y seguro que quieres contarme - ¿Por qué la conocía tanto?
-Tía, dedícate a vidente.
-¡Lo sabía! Cuenta. Ya.
-Tía, no es nada especial. A las cuatro menos algo he ido a girar una esquina y un chico me ha llevado por delante porque no me ha visto, me ha ayudado a levantarme y nos hemos presentado. Ah, y va al mismo instituto que yo.
-Ya estás ligando, la madre que te trajo.
-No estoy ligando.
-Ya. ¿Era guapo?- sonreí y miré a Niall, que seguía hablando y riendo con sus amigos.
-Pues... sí, la verdad que es guapo. Es más, lo tengo a la vista.
-¡¿Has quedado con él?!
-¡No! Lo estoy viendo, está cerca mío.
-¿Él te ha visto?
-No sé, no lo creo.
-¿Es castaño de ojos negros?-rodé los ojos. Nerea tenía una cierta obsesión con los chicos de esas características.
-No - dije - Rubio, ojos azules.
-Bueno, supongo que también será guapo. Pero sus ojos azules no son iguales que los de Pablo Sánchez - reí - Lo sabes - volví a reír. De repente, escuché un pitido en el teléfono.
-Nerea, me están llamando. Luego hablamos, ¿sí? Te quiero.
-Vale nena, te quiero.

Colgué, y el móvil reflejó que otra llamada entraba en el teléfono. Lo cogí sin mirar.

-¿Diga?

martes, 17 de diciembre de 2013

Capítulo 3: Auch 


-¡Tata! ¡Avión!- abrí los ojos perezosamente y vi a Christian saltando encima mío. Sonreí.
-¿Ya es hora de levantarse?
-Son las seis. ¿Es verdad que vamos a montar en avión?- bajó al suelo, y yo me senté en la cama.
-Pero si te lo dijimos ayer, enano.
-¿Y va muy alto?
-Muuuuuy alto. Venga, tira, hay que irse.

Me levanté de la cama y eché una última mirada a mi cuarto, ahora vacío de cosas. Agarré las maletas colocadas a mis pies, y bajé las escaleras lentamente. La casa no era nuestra, era alquilada, así que no teníamos que preocuparnos por el dueño, a quien ya habíamos informado.

Metimos las maletas en el coche y nos dirigimos al aeropuerto. Mi padre había solicitado a no sé quién para que le transportara el coche a Londres en unos días, así que aparcamos en una zona de aparcamiento especial. Nos dirigimos dentro y facturamos. Eran las ocho menos cuarto cuando terminamos, así que solo nos quedaba montar en el avión. Viajábamos con RyanAir. Reí recordando una broma que teníamos Nerea y yo, que quien viajaba en RyanAir moría. Hice una foto al avión y se la envié.

"________(tn) lista para morir" *foto*

No me contestó. Claro, estaría dormida. Subimos en el avión. Teníamos los asientos al lado de la ventana, que era donde quería estar yo. El pequeño se sentó entre mi padre y yo, que estaba en el asiento exterior. Estaba nervioso, decía que tenía miedo de que el avión se cayera. Reí, recordando que viajábamos en RyanAir.

Veinte minutos después, el avión despegó. La luz que había en el asiento delantero indicando que nos abrocháramos los cinturones se encendió, y abroché el mío.

Una voz femenina, algo chillona, resonó por el avión.

"Señoras, señores, vamos a despegar. Ruego apaguen los teléfonos móviles o cualquier otro aparato que pueda influir en el funcionamiento de nuestro sistema. Gracias, y disfruten del vuelo"

Volvió a repetirlo, esta vez en inglés. Apagué mi móvil y me apoyé sobre el respaldo, justo para ver cómo el avión comenzaba a desplazarse sobre el pavimento liso del suelo del aeropuerto. Minutos después, empezamos a ir muy rápido, y nos despegamos del suelo. "Adiós, España", pensé tristemente.

El vuelo se me pasó relativamente rápido. Bueno, normal, duraba dos horas y media y había dormido casi todo el viaje, excepto cuando Christian me había despertado gritando que estábamos en medio de una nube.

Bajamos del avión. En seguida me vi rodeada de conversaciones inglesas. Me encantaba. Nos dirigimos a la zona donde se recogían las maletas y, una vez cogidas, nos dirigimos afuera.

-A ver, la dirección es 11A3214 Great George Street- dijo mi padre -hay que llamar a un taxi.

Recordé que Nerea me había pedido que la mandara un mensaje al bajar del avión, así que encendí el móvil en lo que mi padre buscaba una web para taxis en Londres. Tenía un mensaje suyo.

"JAJAJAJA. si no me mandas el mensaje lo entiendo, has muerto ;)"

Reí y la contesté.

"pues no, estoy viva. Ja. Ya he llegado, mi padre está llamando a un taxi. Luego hablamos. tq<3"

Guardé el móvil en mi bolsillo y miré a mi padre, que estaba diciendo "yes, yes" con cara de "qué dice"

-Papá, ¿necesitas ayuda?
-Sí... Dile que venga al aeropuerto y dale la dirección, no entiendo nada de lo que dice.

Cogí el teléfono.

-Hola, buenas- dije en inglés - verá, hemos llegado esta mañana a Londres, nos acabamos de mudar aquí, y necesitamos un taxi que nos lleve a nuestro domicilio.

Miré a mi padre, que seguía con la misma cara.

-Ah, sí- me contestó el taxista- es que la otra persona me ha dicho algo de necesita a alguien que le lleve a España, o algo así.
-No, no- dije riendo -es solo eso.
-Está bien, estoy en la salida del aeropuerto en cinco minutos. Hasta ahora.

Colgó. Miré a mi padre.

-Definitivamente, necesitas traductores.
-Lo sé, espero aprender rápido el idioma.

El taxi llegó puntual a los cinco minutos, mi padre le dio la dirección y llegamos a nuestra en quince minutos. Yo estaba muy emocionada, habíamos pasado por el Big Ben y el London Eye. Aparcamos. La verdad es que quedaban bastante cerca de mi casa, a unos cinco minutos andando. Sonreí. Esos dos días hasta que empezara el instituto iba a pasármelos de un lado a otro de Londres. Sería genial.

Bajamos del taxi y cogimos las maletas. Miré el edificio. Era de cinco pisos, y estaba hecho de piedras cuadradas blancas. Para entrar, tenías que subir cinco escalones. La puerta de entrada al portal era doble, y negra. Mi padre pagó y nos dirigimos al edificio. Entramos y nos encontramos con otra puerta, que daba al interior. La abrimos y nos encontramos con un portal de suelo y paredes blancos. Las escaleras estaban a la derecha, y el ascensor a la izquierda.

Nos metimos en el ascensor. Nuestro piso era el segundo, así que pulsamos el número dos, y el ascensor comenzó a elevarse. Cuando se abrieron las puertas, mi padre se adelantó y abrió la puerta número D mientras que Christian y yo salíamos.

La casa era algo pequeña, pero muy bonita. Todas las paredes eran de color crema excepto la habitación de Christian, que era azul. Al entrar había un pequeñísimo recibidor con una mesita pequeña y un teléfono. A la izquierda estaba el salón, que era rectangular, con dos sofás, una mesita transparente, una televisión y una mesa de madera con seis sillas. A la derecha la cocina, rectangular y sencilla, con los muebles, la cocina y el frigorífico blancos. Al lado de la cocina había un baño, y al lado el cuarto de mi hermano. La siguiente puerta era mi habitación, con la cama al fondo, un escritorio, un armario enorme de madera y una cómoda con cajones. Me gustó en seguida, sobretodo por la pequeña terraza a la que se podía acceder desde ella. Por último estaba la puerta de la habitación de mi padre, al lado de la del salón, y un baño al lado. La casa no era nada del otro mundo, pero era sencilla y acogedora.

Entré en mi cuarto y me dispuse a colocar el equipaje, la ropa y las cosas de aseo. Quería tenerlo todo ordenado, ya que hoy quería ir a dar una vuelta por Londres. Metí la ropa en el armario, el portátil y los libros en el escritorio... Libros. Eso me recordaba que en dos días tenía que empezar las clases en "Malory Towers". Tenía que bajar a las ocho de la mañana a coger un autobús, la parada estaba en frente de casa. Menos mal.

Decidimos comer en un restaurante, ya que aún teníamos que hacer compras y no teníamos nada en casa. Tuvimos unos problemillas para manejarnos con la moneda inglesa, pero cuando lo comprendimos, fue sencillo. La comida estaba buena, pero no era nada del otro mundo. Nada comparada con la española.

A las tres y media salía del restaurante y me dirigía dirección al Big Ben pero, al doblar la esquina de la calle, algo (más bien alguien) me llevó por delante, tirándome al suelo.

- Auch... - me quejé.
- Ay, Dios- levanté la vista, encontrándome con unos profundos ojos azules, reflejando preocupación -perdona, no te vi, llego tarde a casa- me tendió una mano firme, y la tomé, ayudándome a levantarme de nuevo. Sonrió -Mi nombre es Niall