Capítulo 8: ¿Quién...? ¿Quién eres?
- Hacéis buena pareja - dijo la chica que estaba con Niall sonriendo.
La miré. Era delgada y tenía el cabello castaño y los ojos marrones. Parecía muy simpática. ¡Todo el mundo parecía simpático allí!
- Mi nombre es ________(tn) - dije sonriendo.
- Yo soy Laura, pero llamadme Lala. ¡Encantada! Nos dimos dos besos, y vi cómo se los daba con Liam.
- ¿Es tu novia? - preguntó Liam a Niall
Niall se sonrojó. ¡Que adorable! Lala asintió.
- Llevamos saliendo una semana.
- ¿Y no me lo cuentas? - preguntó Liam a Niall, haciendole reír - ¡Ya te vale!
Fuimos a dar una vuelta los cuatro. Liam no me soltaba de la mano y eso me gustaba. De repente recordé a Louis, pero sacudí la cabeza. No quería pensar en él. Liam me gustaba mucho, y era con quien quería estar. Además, Louis... ¿qué coño? Había estado con él menos de un minuto. Era imposible sentir algo por alguien a quien conocías de un minuto. Suspiré. Qué idiota.
Niall y Lala se fueron a las ocho y media. Estaban cansados. Vi cómo se alejaban mientras Niall rodeaba sus hombros y dejaba un dulce beso en su boca mientras reían por algo. Nos quedamos Liam y yo solos.
De repente me sentí tímida, sin saber qué decir. Todo estaba pasando demasiado rápido. Aún no asumía que mi mano estuviera agarrada a la de Liam. Había tenido un par de novios en España, pero lo normal era que los conociera, saliera un par de veces con ellos y luego me besaran. No que me cogieran la mano en medio de una barca en un río de Londres. Eso era muy romántico. Suspiré y miré a Liam, que caminaba a mi lado comiendo un helado. Qué guapo era. Miré mi mano. Yo ya me había comido mi helado, aunque claro, era mucho más pequeño.
Miré al frente y me sobresalté. Retrocedí un par de pasos incrédula. ¡No podía ser!
- ¿________(tn)? ¿Qué ocurre? - reaccioné. Estaba con Liam, joder. Tonta, tonta y tonta.
- Nada Liam, pensé... pensé ver un ratón.
- ¿Dónde? - miré de nuevo hacia adelante. Sip. Ahí estaba.
Ahí estaba Louis.
Me di la vuelta.
- Mejor vamos para el otro lado, tengo fobia a los ratones.
- Claro - me sonrió y chupó su helado.
Le sonreí en respuesta, y después me froté la frente. Joder, ¡que era un puto repartidor de pizzas! Vale que era guapo. Vale que estaba buenísimo y que era un bombón. Pero joder, ¡si apenas sabía su nombre! ¿Cómo era posible que me atrayera tanto?
- ¿En qué curso vas a entrar? - me preguntó Liam de repente.
- Emm... en primero de bachillerato. ¿Tú?
- Segundo - rió - enana.
- ¿Enana yo? - sonreí - pero si es un añito de nada lo que me sacas, anda.
- Me da igual, sigues siendo una enana - le saqué la lengua, lo que le hizo reír - por cierto, me encanta estar así contigo - indicó con la mirada nuestras manos entrelazadas. Me sonrojé - oh, ¡pero si te estás poniendo roja!
- ¡Callate! - dije riendo - ¿qué hora es?
- Las nueve.
- Pff... Me voy a ir yendo. Mañana hay que madrugar... ¡que asco!
- Sí, tienes razón. Venga, te acompaño - soltó mi mano, rodeó mis hombros con su fuerte brazo y comenzamos a andar.
Estábamos más cerca de mi casa que otras veces, así que no nos llevó más de cinco minutos llegar a mi portal.
- Bueno... - dije, sin saber qué decir. Liam quitó su brazo de encima mío y sonrió.
- Mañana te veo, ¿sí?
- Claro - sonreí. Fui a darme la vuelta para entrar cuando Liam se inclinó hacia mí y... ¡zas!
Abrí los ojos sorprendida, pero volví a cerrarlos. ¡Me estaba besando! Me dejé llevar. Tenía los labios suaves, y se curvaron en una sonrisa cuando Liam se dio cuenta de que le seguía el juego. De repente se me vino la imagen de Louis a la cabeza. ¿Cómo sería besarlo a él...?
Me separé bruscamente de Liam y me froté la frente.
- ________(tn), ¿ocurre algo? - abrí los ojos y lo miré. ¿Cómo era posible que estuviera pensando en Louis mientras lo besaba? Tonta, tonta y tonta. Imbécil. Gilipollas. Me daban ganas de darme contra la pared.
- No, lo siento, es solo que... es tarde. Mañana te veo ¿sí? - Liam asintió y yo sonreí - gracias - me puse de puntillas y dejé un pequeño beso en su mejilla haciéndole sonreír, y me metí en el portal, para después subir corriendo a casa.
Las nueve, ¡por fin! Había terminado su jornada laboral. Bueno, había terminado su trabajo, ya que mañana tenía clase. Fue a su taquilla y cogió las pocas cosas que había dejado, las de última hora. Sonrió. ¡Sí! Al principio eso de hacer de guía turística por el Támesis le parecía bien, pero a la semana ya le resultó un tostón. Dos meses, dos putos meses trabajando allí para poder estudiar su último año en el instituto en Inglaterra. Pero bueno, había valido la pena. ¡Tenía plaza en Malory Towers!
Abrió la puerta de casa y entró, cerrándola detrás suyo. Dejó las llaves en la mesilla del recibidor, y el bolso en una silla. Fue directa a la cocina, tenía hambre. Después de cenar un maravilloso bocadillo de beacon, entró en su cuarto. Tenía que ver que todos los libros de segundo de bachillerato estaban en orden. Iba ya por el de filosofía cuando el sonido de su móvil la sobresaltó. ¿Quién sería? Mamá o papá no, porque ya había hablado con ellos en la hora del almuerzo, y Lidia, su hermana, estaba de viaje no sé dónde y no podía llamar desde allí. Cogió el móvil y lo sujetó entre el hombro y la cara, pudiendo así tener las dos manos libres.
- ¿Sí? - preguntó mientras escribía su nombre en la primera hora del libro.
- Aina. Soy Zayn. - La chica se sobresaltó, haciendo que la n de Aina saliera como un churro. Dejó el bolígrafo en la mesa y cogió el móvil con la mano.
- ¿Qué haces llamándome? ¿Qué quieres?
- Aina, por favor...
- ¿Qué? ¿Vas a darme otra excusa más explicándome por qué te tiraste a esa zorra estando conmigo? Ah no, déjame adivinar. No te la tiraste. ¿Es eso?
- Es que no me la tiré. ¡Ni siquiera la besé!
- Venga, ¡pero si vi las fotos que Max me mandó! Si no te la estabas tirando, ¿qué hacías? ¿Jugar al escondite? Vete a la mierda, Zayn.
- ¡Aina joder, escuch...! - colgó antes de que pudiera terminar la frase.
Aina se cubrió los ojos con las manos y comenzó a llorar. El móvil volvió a sonar, pero ella no le hizo caso. Gilipollas. Zayn era un gilipollas.
Pero amaba a ese gilipollas. Zayn. Lo conoció a la semana de llegar a Londres desde España después de que casi la atropellara. Nada más verle había empezado a sentir algo por él. Era guapísimo. Moreno, alto, ojos color chocolate, sonrisa blanca perfecta, su risa dulce cuando algo le hacía gracia...
Aina se mordió los labios. No quería pensar en él. Hacía dos semanas, Max, su mejor amigo de allí, le había enviado unas fotos de Zayn en un club de sexo besando a Shannon. Su enemiga. La típica rubia alta de labios gordos y tetas enormes, zorra en todos los sentidos y con ganas de joder a todo el mundo. Esa. Cuando esas fotos llegaron a su móvil seguidas de un "lo siento pequeña, pero tenía que decírtelo" sintió como si el mundo se desmoronara. Como que si la tiraban de boca al suelo desde un quinto piso la dolería menos. Inmediatamente había llamado a Zayn diciéndole de todo y cortando con él, y Zayn quiso explicarle todo, pero Aina no le escuchó y no había insistido. Hasta hoy. Estaba harta, harta de que todos los chicos la tomaran el pelo. Suspiró, limpió sus lágrimas y siguió poniendo su nombre en los libros de clase.
Ya había cerrado mis ojos cuando el móvil sonó. Miré la hora. Las once. Resoplé, ¡que sueño! Miré el móvil y vi que era un número que no conocía. Fruncí el ceño. ¿Quién sería? Pulsé el botón verde y contesté.
- ¿Diga?
- ¿Te he despertado? - abrí los ojos como platos. Esa voz... No. No podía ser.
- ¿Quién...? ¿Quién eres?
- Soy Louis - abrí los ojos más aún - el sexy repartidor de pizzas.
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