Capítulo 3: Auch
-¿Ya es hora de levantarse?
-Son las seis. ¿Es verdad que vamos a montar en avión?- bajó al suelo, y yo me senté en la cama.
-Pero si te lo dijimos ayer, enano.
-¿Y va muy alto?
-Muuuuuy alto. Venga, tira, hay que irse.
Me levanté de la cama y eché una última mirada a mi cuarto, ahora vacío de cosas. Agarré las maletas colocadas a mis pies, y bajé las escaleras lentamente. La casa no era nuestra, era alquilada, así que no teníamos que preocuparnos por el dueño, a quien ya habíamos informado.
Metimos las maletas en el coche y nos dirigimos al aeropuerto. Mi padre había solicitado a no sé quién para que le transportara el coche a Londres en unos días, así que aparcamos en una zona de aparcamiento especial. Nos dirigimos dentro y facturamos. Eran las ocho menos cuarto cuando terminamos, así que solo nos quedaba montar en el avión. Viajábamos con RyanAir. Reí recordando una broma que teníamos Nerea y yo, que quien viajaba en RyanAir moría. Hice una foto al avión y se la envié.
"________(tn) lista para morir" *foto*
No me contestó. Claro, estaría dormida. Subimos en el avión. Teníamos los asientos al lado de la ventana, que era donde quería estar yo. El pequeño se sentó entre mi padre y yo, que estaba en el asiento exterior. Estaba nervioso, decía que tenía miedo de que el avión se cayera. Reí, recordando que viajábamos en RyanAir.
Veinte minutos después, el avión despegó. La luz que había en el asiento delantero indicando que nos abrocháramos los cinturones se encendió, y abroché el mío.
Una voz femenina, algo chillona, resonó por el avión.
"Señoras, señores, vamos a despegar. Ruego apaguen los teléfonos móviles o cualquier otro aparato que pueda influir en el funcionamiento de nuestro sistema. Gracias, y disfruten del vuelo"
Volvió a repetirlo, esta vez en inglés. Apagué mi móvil y me apoyé sobre el respaldo, justo para ver cómo el avión comenzaba a desplazarse sobre el pavimento liso del suelo del aeropuerto. Minutos después, empezamos a ir muy rápido, y nos despegamos del suelo. "Adiós, España", pensé tristemente.
El vuelo se me pasó relativamente rápido. Bueno, normal, duraba dos horas y media y había dormido casi todo el viaje, excepto cuando Christian me había despertado gritando que estábamos en medio de una nube.
Bajamos del avión. En seguida me vi rodeada de conversaciones inglesas. Me encantaba. Nos dirigimos a la zona donde se recogían las maletas y, una vez cogidas, nos dirigimos afuera.
-A ver, la dirección es 11A3214 Great George Street- dijo mi padre -hay que llamar a un taxi.
Recordé que Nerea me había pedido que la mandara un mensaje al bajar del avión, así que encendí el móvil en lo que mi padre buscaba una web para taxis en Londres. Tenía un mensaje suyo.
"JAJAJAJA. si no me mandas el mensaje lo entiendo, has muerto ;)"
Reí y la contesté.
"pues no, estoy viva. Ja. Ya he llegado, mi padre está llamando a un taxi. Luego hablamos. tq<3"
Guardé el móvil en mi bolsillo y miré a mi padre, que estaba diciendo "yes, yes" con cara de "qué dice"
-Papá, ¿necesitas ayuda?
-Sí... Dile que venga al aeropuerto y dale la dirección, no entiendo nada de lo que dice.
Cogí el teléfono.
-Hola, buenas- dije en inglés - verá, hemos llegado esta mañana a Londres, nos acabamos de mudar aquí, y necesitamos un taxi que nos lleve a nuestro domicilio.
Miré a mi padre, que seguía con la misma cara.
-Ah, sí- me contestó el taxista- es que la otra persona me ha dicho algo de necesita a alguien que le lleve a España, o algo así.
-No, no- dije riendo -es solo eso.
-Está bien, estoy en la salida del aeropuerto en cinco minutos. Hasta ahora.
Colgó. Miré a mi padre.
-Definitivamente, necesitas traductores.
-Lo sé, espero aprender rápido el idioma.
El taxi llegó puntual a los cinco minutos, mi padre le dio la dirección y llegamos a nuestra en quince minutos. Yo estaba muy emocionada, habíamos pasado por el Big Ben y el London Eye. Aparcamos. La verdad es que quedaban bastante cerca de mi casa, a unos cinco minutos andando. Sonreí. Esos dos días hasta que empezara el instituto iba a pasármelos de un lado a otro de Londres. Sería genial.
Bajamos del taxi y cogimos las maletas. Miré el edificio. Era de cinco pisos, y estaba hecho de piedras cuadradas blancas. Para entrar, tenías que subir cinco escalones. La puerta de entrada al portal era doble, y negra. Mi padre pagó y nos dirigimos al edificio. Entramos y nos encontramos con otra puerta, que daba al interior. La abrimos y nos encontramos con un portal de suelo y paredes blancos. Las escaleras estaban a la derecha, y el ascensor a la izquierda.
Nos metimos en el ascensor. Nuestro piso era el segundo, así que pulsamos el número dos, y el ascensor comenzó a elevarse. Cuando se abrieron las puertas, mi padre se adelantó y abrió la puerta número D mientras que Christian y yo salíamos.
La casa era algo pequeña, pero muy bonita. Todas las paredes eran de color crema excepto la habitación de Christian, que era azul. Al entrar había un pequeñísimo recibidor con una mesita pequeña y un teléfono. A la izquierda estaba el salón, que era rectangular, con dos sofás, una mesita transparente, una televisión y una mesa de madera con seis sillas. A la derecha la cocina, rectangular y sencilla, con los muebles, la cocina y el frigorífico blancos. Al lado de la cocina había un baño, y al lado el cuarto de mi hermano. La siguiente puerta era mi habitación, con la cama al fondo, un escritorio, un armario enorme de madera y una cómoda con cajones. Me gustó en seguida, sobretodo por la pequeña terraza a la que se podía acceder desde ella. Por último estaba la puerta de la habitación de mi padre, al lado de la del salón, y un baño al lado. La casa no era nada del otro mundo, pero era sencilla y acogedora.
Entré en mi cuarto y me dispuse a colocar el equipaje, la ropa y las cosas de aseo. Quería tenerlo todo ordenado, ya que hoy quería ir a dar una vuelta por Londres. Metí la ropa en el armario, el portátil y los libros en el escritorio... Libros. Eso me recordaba que en dos días tenía que empezar las clases en "Malory Towers". Tenía que bajar a las ocho de la mañana a coger un autobús, la parada estaba en frente de casa. Menos mal.
Decidimos comer en un restaurante, ya que aún teníamos que hacer compras y no teníamos nada en casa. Tuvimos unos problemillas para manejarnos con la moneda inglesa, pero cuando lo comprendimos, fue sencillo. La comida estaba buena, pero no era nada del otro mundo. Nada comparada con la española.
A las tres y media salía del restaurante y me dirigía dirección al Big Ben pero, al doblar la esquina de la calle, algo (más bien alguien) me llevó por delante, tirándome al suelo.
- Auch... - me quejé.
- Ay, Dios- levanté la vista, encontrándome con unos profundos ojos azules, reflejando preocupación -perdona, no te vi, llego tarde a casa- me tendió una mano firme, y la tomé, ayudándome a levantarme de nuevo. Sonrió -Mi nombre es Niall
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