Capítulo 4: Niall
Una vez levantada, le sonreí. Al principio pensé en replicarle que tuviera cuidado de por donde iba, pero no lo dije. Tenía algo en su forma de ser que me hacía querer ser amable con él. Parecía realmente agradable y simpático, alguien con quien sin duda no te aburrirías nunca.
-________(tn), me llamo ________(tn)- me sonrió de nuevo.
-Encantado... ________(tn). No eres inglesa, ¿verdad?
-¿Tanto se me nota?- rió.
-La pronunciación, y tu nombre... No sé. No lo dices con acento inglés.
-Soy española.
-Vaya, ¡adoro España! ¿Estas aquí de visita?
-No- suspiré -me he mudado esta mañana.
-Oh... irás al instituto, ¿no? - asentí - ¿Cómo se llama?
-Mmm... Malory... Malory Towers - abrió los ojos, sorprendido.
-¡Eh, ese es al que voy yo! No te arrepentirás, es bastante bueno y la gente no es estúpida.
-Jolín, pues espero que hagas de mi guía cuando estemos allí. No voy a conocer nada, ni a nadie.
-Eso está hecho, emm...
-________(tn).
-Eso - rió nerviosamente - lo siento, soy malo para los nombres. Me tengo que ir, he quedado, te veo pasado mañana en el instituto, ¿sí? - asentí - pues encantado, ¡hasta luego!
Sonreí mientras veía cómo se alejaba rápidamente y casi atropella a otra persona. Será torpe... Reí para mis adentros. Qué bien me había caído. Me alegraba de tener a alguien en el instituto a quien hablar, y no saber qué hacer.
Seguí mi camino y en unos minutos llegué al Big Ben. Wow. Lo había visto esa mañana de pasada cuando iban de camino a casa, pero así visto de cerca era aún más grande y bonito. Crucé la calle y vi el London Eye. Tenía ganas de montar, pero no llevaba dinero encima y había mucha cola, de modo que tuve que conformarme con mirarlo. De todas formas, tenía mucho, mucho tiempo para montar en él. Y de noche sería aún más precioso.
Seguí andando y empecé a caminar al lado del Támesis. Era precioso, y barcos de todos los tamaños transitaban por este, mientras los turistas en su interior no paraban de hacer fotos y señalar cosas. Me detuve, y lo contemplé. El río era bastante ancho, mucho más que en las fotos. Y parecía ser bastante profundo.
Me di la vuelta y vi el típico autobús turístico de dos pisos con el de arriba al descubierto, también lleno de turistas. Cuando pasó, me pareció ver un rostro conocido en la otra acera.
Niall. Y dos chicos y una chica con él.
Estaba a punto de ir a saludarle cuando el móvil empezó a sonarme en el bolsillo y, resoplando, lo cogí.
-¿Sí?
-¡¡¡________(tn)!!!
-¡¡¡Nerea!!!
-Nena, me tienes olvidada.
-Pero si acabo de llegar a Londres, petarda. No he tenido ocasión de llamarte.
-Mentira, seguro que estás ahora mismo dando una vuelta al lado del río. Y seguro que has conocido a alguien. Y seguro que quieres contarme - ¿Por qué la conocía tanto?
-Tía, dedícate a vidente.
-¡Lo sabía! Cuenta. Ya.
-Tía, no es nada especial. A las cuatro menos algo he ido a girar una esquina y un chico me ha llevado por delante porque no me ha visto, me ha ayudado a levantarme y nos hemos presentado. Ah, y va al mismo instituto que yo.
-Ya estás ligando, la madre que te trajo.
-No estoy ligando.
-Ya. ¿Era guapo?- sonreí y miré a Niall, que seguía hablando y riendo con sus amigos.
-Pues... sí, la verdad que es guapo. Es más, lo tengo a la vista.
-¡¿Has quedado con él?!
-¡No! Lo estoy viendo, está cerca mío.
-¿Él te ha visto?
-No sé, no lo creo.
-¿Es castaño de ojos negros?-rodé los ojos. Nerea tenía una cierta obsesión con los chicos de esas características.
-No - dije - Rubio, ojos azules.
-Bueno, supongo que también será guapo. Pero sus ojos azules no son iguales que los de Pablo Sánchez - reí - Lo sabes - volví a reír. De repente, escuché un pitido en el teléfono.
-Nerea, me están llamando. Luego hablamos, ¿sí? Te quiero.
-Vale nena, te quiero.
Colgué, y el móvil reflejó que otra llamada entraba en el teléfono. Lo cogí sin mirar.
-¿Diga?
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